Por: María Alejandra Ochoa
Asociación Civil Mujeres para el Mundo
Laboratorio de Innovación Ciudadana con perspectiva de Género
El patrón cultural del patriarcado normaliza, regulariza y tolera el derecho infinito de los varones en el núcleo familiar, ya sean padres, hermanos, tíos, primos, sobrinos, para ejercer la violencia de género contra las mujeres y niñas dentro de las familias. Esta violencia de género, enraizada y enquistada en las raíces sanguíneas, sociales y culturales, perfecciona un asalto diario al derecho de las mujeres y las niñas a una vida libre de violencia.
Cada día, cada segundo, en cualquier parte del mundo alrededor de todos los continentes del planeta, alguna mujer o niña desde sus propios hogares y su misma familia sanguínea, se enfrenta y está expuesta a sufrir cualquier tipo de violencia, tal como lo enuncia ONU Mujeres: Violencia económica, Violencia psicológica, Violencia emocional, Violencia física, Violencia sexual.
Al hacer una caracterización de la violencia de género en el seno familiar, nos encontramos con situaciones diarias que atentan contra los derechos humanos y que podemos interrelacionar de forma somera con los siguientes ejemplos:
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La obligación de las mujeres de hacerse cargo de niños y niñas, de parientes enfermos, de padres y madres, sin escuchar ni negociar términos de entendimiento que permitan un ejercicio pleno en la disposición del tiempo y espacio de las mujeres y niñas para su plena realización como seres humanos.
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El machismo vinculante en las familias donde la palabra del varón es fuente absoluta de verdad, degradando las opiniones de las mujeres y niñas, humillándolas, amenazándolas, insultándolas y apabullándolas sin derecho a ser escuchadas ni tomadas en cuenta y donde cada respuesta de las mujeres y niñas se asume como una afrenta, insolencia y atrevimiento pendenciero.
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La falta de reconocimiento y conciencia de las mujeres y niñas que subyace realmente en la lacra del patriarcado y se sustenta además en la ausencia de sororidad “solidaridad entre mujeres, especialmente ante situaciones de discriminación sexual y actitudes y comportamientos machistas” entre hermanas, primas, sobrinas, madres y abuelas.
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La aceptación y naturalización de que cualquier insulto, vejación o evidencia de violencia de cualquier tipo en contra de niñas y mujeres no es importante, es simplemente el quehacer diario, la cotidianidad del día a día, cosas sin importancia que no merecen atención ni discusión, porque fueron dichas y hechas sin mala intención y forman parte de las relaciones familiares.
Si no desmontamos el patriarcado, si no luchamos unidas contra el machismo y “demolemos las estructuras mentales en las propias mujeres”, inevitablemente, tal como dice sabiamente la Sra. Luz Haro, “muchas mujeres y niñas seguirán sufriendo violencia de género y muchas otras niñas y mujeres seguirán volteando la cara, dándonos bofetadas a quienes levantamos la voz”, haciendo caso omiso y defendiendo el derecho del varón a ser dueño de la verdad absoluta. No podremos construir relaciones familiares sanas donde cada ser humano, sin diferencias, ejerza plenamente sus derechos humanos, ni deslastrarnos de la violencia de género como el pan de cada día en los hogares alrededor del mundo.