Por: Hermanlyg Rios López
“Para combatir el antisemitismo no hace falta ser judío, como tampoco para luchar contra el racismo no hace falta ser negro. Lamentablemente, a veces parece que para combatir la discriminación de la mujer, hace falta ser mujer”
Soledad Gallego-Díaz, periodista
Es fundamental cuando se hace referencia a la discriminación, lo que establece el Artículo 1º de la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés), aprobada por Naciones Unidas en 1979 y ratificada por 189 países, entre ellos, Venezuela, la discriminación contra las mujeres, se trata de “toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera”.
Al hablar de discriminación es preciso definir el sexismo, el cual es un tipo de discriminación o de prejuicio justificado en creencias sobre el sexo o el género de una persona. La Real Academia (2023) expresa que el sexismo es la “Discriminación de las personas por razón de sexo”. De allí, que la violencia contra las mujeres es un tema de salud pública y de derechos humanos, las mujeres son y han sido sistemáticamente excluidas y discriminadas, por lo que la visibilización permite que se puedan identificar distintos tipos de violencia vistas como un problema social, ya que traspasa la esfera de lo privado a lo público.
De acuerdo con Parolari (2019), “la discriminación contra las mujeres constituye un problema más actual que nunca, tanto más difícil de combatir cuanto más profundas son sus raíces culturales, sin importar las formas que la misma puede asumir en culturas diferentes. En particular, muchísimas mujeres son aún hoy víctimas de violencia, cotidianamente, en todo el mundo.”
Por consiguiente, para erradicar la violencia contra las mujeres es necesario admitir que tiene arraigo social y cultural, al respecto afirma Parolari (2019) que: Al menos por dos razones. La primera es que permite no seguir considerando la violencia contra las mujeres como una «cuestión privada», sino como un problema político. La segunda es que deslegitima las tentativas de circunscribir el fenómeno al ámbito de las desviaciones o de la patología de aquellos que realizan actos de violencia, haciendo surgir la conexión estructural entre discriminación y violencia al interior de un modelo social en el cual la construcción de los roles de género responde a lógicas de poder asimétrico.
En muchos contextos y situaciones se violan los derechos humanos de las mujeres por el solo hecho de serlo, aunque en la actualidad se ha logrado erradicar la práctica de algunos actos salvajes para someter a las mujeres, a las niñas y a las adolescentes, hay otras que se siguen practicando en diversos países.
También vale decir, que las tradiciones sexistas se reflejan en las costumbres y se manifiesta en refranes, proverbios, chistes y piropos que degradan el cuerpo y la vida de las mujeres, así como sus pensamientos y relaciones afectivas. En Venezuela, los Diablos Danzantes de Yare son una festividad religiosa que se celebra con tambor, misa, procesión y maracas el día de Corpus Christi, en San Francisco de Yare, Estado Miranda, es una tradición con más de 300 años.
Como promesa después de ser sanados por el Santísimo Sacramento, los Diablos le ofrecen sus bailes o danzas. Para ello, solo los hombres se visten de rojo, se cuelgan rosarios, se ponen máscaras y danzan por las calles de San Francisco de Yare.
A las mujeres no se les permite danzar ni usar máscaras, su participación solo se limita a la elaboración de trajes, preparar altares, proveer de hidratación a los hombres que danzan y el cuidado de las niñas y los niños. “Las mujeres sólo pueden hacer sonar una maraca durante el recorrido del Santísimo por el pueblo. Niñas, jóvenes, adultas, y hasta embarazadas, soportan el calor y la presión de un pueblo que se vuelca a las calles durante las festividades.” (Pereira, 2005).
Es así, como una especie de “membresía hereditaria, que se traspasa de los padres solamente a los hijos. En pocas oportunidades, el capataz de los diablos autoriza a determinadas mujeres a que puedan bailar frente a los altares, obviamente con una máscara prestada.
Como señala Pereira (2005), «Para Josefina Flores, capataz de las promeseras, ésta diferencia es de lo más natural, y se escandaliza con sólo pensar en la idea de ver a las mujeres bailando como los hombres. “¡Ay no! Un poco de mujeres bailando como los hombres luce muy feo. Ese montón de mujeres alborotadas… ¡Ay no! ¡Sería un bochinche!”, expresó Josefina”».
Es por ello, que cuando los estereotipos o las percepciones conducen a un trato diferenciado, o desigual no justificado, que obviamente restringe o limita los derechos, libertades o las oportunidades, por supuesto que se convierten en motivos de discriminación, es que definitivamente los roles asignados socialmente promueven relaciones basadas en la desigualdad, que condicionan, tanto al hombre como a la mujer, a comportamientos predeterminados.
En este sentido, es necesario reconocer que el feminismo ha hecho importantes aportes y avances en materia de educación, participación política, la actividad o trabajo remunerado y el reconocimiento de la violencia contra las mujeres como un asunto de interés público.
Cabe señalar, que es importante no fomentar el machismo en nuestro entorno familiar, social y laboral, de allí la necesidad imperiosa de identificarlo tanto en los comentarios como en los chistes, que con frecuencia lo único que logran es potenciar la violencia.
Para producir cambios es fundamental educar y sensibilizar a la población en todos los niveles, por ejemplo, brindar a la infancia desde el hogar, los modelos de igualdad y de respeto mutuo; así como también para erradicar estereotipos de género que conducen a la discriminación y a la violencia contra las mujeres.
Es primordial trabajar para erradicar los estereotipos de género desde diversos ángulos: con políticas públicas, en los sistemas de justicia, en los medios de comunicación, en la educación, en el ámbito social y cultural y con todas las personas, a fin de evitar situaciones de violencia familiar, falta de equidad y discriminación para lograr cambios reales y sostenibles, promoviendo la igualdad de oportunidades y que a su vez contribuyan a la construcción de una sociedad más justa, pacífica e inclusiva.
Referencias Bibliográficas
- Organización de las Naciones Unidas: Asamblea General. (1979). Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer. Recuperado de: https://www.refworld.org.es/docid/5bf30d844.html
- Parolari, P. (2019). Violencia contra las mujeres, migración y multiculturalidad en Europa. Università degli Studi di Brescia – Italia. Recuperado de: http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0251-34202019000200012
- Pereira, J. (2005). Curiosidades sobre los Diablos Danzantes. ABN. Recuperado de: https://joaquinpereira.blogspot.com/2007/01/curiosidades-sobre-los-diablos.html?m=1
- Real Academia Española, Edición del Tricentenario, Recuperado de http://dle.rae.es/?id=Xl6VetE
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